Cuando las
cosas van mal, siempre hay alguien ahí. Alguien que nos salva, que nos da
fuerza. ¿Y si se fuera? Todo se acaba, todo. Ni siquiera tendría sentido el ver
llover, ven derramarse gotas de lluvia desde las nubes hasta caer al suelo,
sintiendo el placer y la tristeza de perderlo todo, de echarte de menos, a
pesar de todo.
Todo era más
sencillo si tuvieras a ese ángel
a tu lado y el demonio no existiese. ¿El
problema? Que tanto uno como otro existen, y muchas veces gana la parte oscura,
la mala, la que nos hace pensar en nosotros mismos ser egoístas.
Si, lo fui.
Y me perdí. Y te perdí. Y nos perdimos. Y nunca nada volvió a ser como antes.
No callé a
mi parte oscura, aquella que me decía que todo era por y para mí, y por culpa
de ello, terminé sin nadie a mi lado. Lo más duro fue que tú ya no estabas, que
tú risa se había esfumado. Sin dolor. Ya
no me perdía en tus brazos, ni bebía de tu piel, ni se repetían las noches de
pasión y desenfreno, donde la única cosa que importaba, era estar juntos,
perdernos el uno al otro.
Y pasó, pero
nos perdimos por separado. Y, me arrepiento todos y cada uno de los días por no
haber escuchado ese ángel
que me decía, "si le quieres, no le dejes
escapar"
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