miércoles, 25 de junio de 2014

Permítete soñar.

Nos llaman locos por creer en cosas que no existen; fantasmas, cuentos de hadas, duendes... Pero ¿y sí en realidad todo eso existiese pero no somos capaz de verlo?
Puede que haya un mundo. Un mundo donde existan los personajes de esos cuentos que no contaban de pequeños. Un mundo donde las hadas nos ayuden a volar, o donde con un beso de amor verdadero despertemos de una maldición echada por una madrastra, o donde los animales puedan hablar, o donde las calabazas se conviertan en carruajes que llevan a una princesa hasta su príncipe.
¿Porqué no? Posiblemente todo eso existe pero, a causa del egoísmo, de la crueldad, del egocentrismo no seamos capaces de verlo, ni seamos capaces de creer de verdad en ello. Puede que un día, dejemos todo eso atrás, todo lo que nos hace estar ciegos y abramos los ojos. Puede que de esa forma descubramos "Nunca jamás" o visitemos el mundo de Oz. Puede que de esa forma, aquello que creíamos un coche sea una calabaza, o despertemos con un beso de amor. Puede que, si al crecer creyésemos en todas esas cosas, el mundo sería algo mejor.
¿Recuerdas cuando eras niño y creías en aquel otro llamado Peter Pan? ¿o cuando pensabas que los animales podían llegar a hablar? Era la mejor época de tu vida, porque pensabas que, gracias a la magia y a la fantasía serías capaz de todo.
Da igual los años que tengas o lo que vayas creciendo, permítete creer porque, posiblemente, creyendo todo sea menos complicado. Da igual que te llamen ingenuo, que te digan que eres un crío por pensar así. Tú eres el único que puede tener fe en ti mismo.
No permitas que todo lo malo que pase te nuble la vista. Abre los ojos y sigue creyendo en esa magia y en esa fantasía que creías antes.
Permítete soñar.

domingo, 6 de abril de 2014

Esté donde esté.

Amanecía entre los nublados días madrileños. Yo pensaba en ti como cada mañana. Afianzando mi rutina un día más. ¿Para qué? Sólo para hacer más daño todavía. Ni siquiera pensé en escribirte, simplemente pensé en mí, en mis ganas de escapar. Lo hice. Me fui y no pensé en nada más. Ahora pienso en ti, en tu dolor y tus lágrimas.
Ya no siento nada. Sólo tristeza y sufrimiento. No puedo volver porque tú ya no estarías, yo me fui para siempre, y tú lo sabías desde el primer momento. ¿Cómo pudiste llegar a quererme?, ni siquiera me lo merecía. Fui mezquina y necia. No me daba cuenta de nada.
Ahora veo aparecer los pequeños rayos de sol entre las nubes y creo verte y sentirte, creo que oigo tu risa, tus palabras, tu dolor.
No puedo quedarme, tengo que volver a escapar, allí donde tú no puedas encontrarme y torturarme más. Allí donde no amanece y no puedo verte ni oírte más.
Me desgarras por dentro, como un cuchillo que no hace más que cortar y cortar. Doliendo y escociendo. Como el alcohol cuando cae en las heridas. Pero cuando el ron inunda mis venas todo desaparece y no queda más que la felicidad de los recuerdos que pasamos juntos.

Te quise, y sé que te amaré siempre. Sin dejar de soñar y doliendo. Pero me da igual, porque siempre serás lo mejor que conseguí en la vida. Siempre serás el primer beso, la primera caricia, la primera noche entre las sábanas de mi habitación… Eso, eso no me lo puede quitar nadie. Porque, esté donde esté, seguiré soñando cada noche contigo y seguiré pensando en ti  en cada amanecer que me quede.

lunes, 10 de marzo de 2014

Siempre.

Nunca me paré a mirarte, simplemente te veía, sin darme cuenta lo que perdía poco a poco. Nunca me paré a escucharte, simplemente te oía sin darme cuenta de cuanto te quería. Nunca me paré a amarte, simplemente te besaba sin darme cuenta de que las cosas acababan poco a poco. Nunca quise darme cuenta de nada, no quería verlo. Como si fuese ciego. Pero tú seguías ahí, a mi lado, sin importante nada. Haciéndote el tonto. Tonto. Como yo cuando me di cuenta que eras lo que más quería pero ya no estabas. Volaste cual pájaro enjaulado. Fuiste libre. Libertad. Eso era lo que más deseabas. Tu libertad fue mi cárcel. Cárcel de dolor. Se metía por dentro de mi piel y no se iba. Tu perfume me acompañaba todos los días en los que rogué que volvieses, que me amases de la manera en que yo no supe hacerlo. Sin mentiras, sin llantos, sin peleas. Simplemente tú y yo. Amándonos. Solos. Sin el calor de tu cuerpo el frió se colaba por mis huesos. Frío, igual que el día que decidiste marcharte sin dejarme nada a mi lado. Ningún recuerdo. Eso dolía más. Eso escocía por dentro. Tú eras mi cura, mi serenidad y mi embriaguez. Todo se volvió negro y desaparecí entre las sabanas en las que un día nos quisimos sin parar. En aquellas que nos vieron reír y soñar juntos. Soñar. Simplemente es lo que me queda. El sueño de que volverás. Volverás. Lo sé. Te siento cada día más cerca de mí. Será que me toca unirme a ti. Que nos toca volver a estar juntos. En aquel paraíso que los dos deseamos. En aquel sueño que no tendrá final. Será que aun que te perdí, tú sigues esperándome. Será pronto, pero volveré junto a ti. Siempre. Sin rencores. Felices. Como aquella tarde de verano. Calor. Eso era lo que necesitaba. Y necesito. Siempre.

viernes, 17 de enero de 2014

TIEMPO.

Cuando las manecillas del reloj se pararon y el tiempo se detuvo, fue cuando reflexioné sobre todo lo que no pude darte. Aquellos abrazos al amanecer que llevaban escritas promesas que se quedaron por cumplir. Y todo se esfumó. Hasta el tiempo dejó de tener sentido en aquel momento que te vi cruzar la calle y desaparecer de mi vista entre toda la multitud. La misma que vio mi corazón teñirse de negro. Negro, como el vacío que dejaste al irte. Sin sentido. Razón. Eso fue lo que me faltó y lo que me destruyó. Vida. La que te llevaste contigo aquel mismo día. Dolor. El que dejaste cuando todo terminó. Silencio. Fue lo único que al final me quedó. Amor hecho pedazos por tres simples palabras. Duras. Como tu frío corazón. Puro hielo. Sin derretirse, sin sentimientos. Locura transitoria hasta el mismo final. Final que yo sólo me gané. Sin juicios ni razón, sin ninguna explicación. Alucinaciones en mi cabeza, loca. Sin pertenecer a nadie,más que a ti misma. Sin dar nada a cambio. Cambió y se desapareció. Como tú. Sin manecillas de reloj, sin tiempo. Los rompiste todo, incluido a mi.

domingo, 5 de enero de 2014

Jugamos, nos equivocamos y perdimos.

Seguimos caminos diferentes. Tú huías. Yo buscaba. Pero nunca nos encontrábamos de nuevo. Volviéndonos locos disolvimos las dudas que quedaron en aquella cabaña. Solitaria. Como mi corazón sin coser. Como una mañana sin amanecer. Como me quede cuando tú te fuiste. Saltábamos baches y deshacíamos mundos sin nada que nos dijera "Parad". No estábamos dispuestos a todo y a nada. No queríamos sobrevivir sin nada que nos hiciera reír una vez. Me perdí en tu mirada y allí me quedé, por el resto de la eternidad. Tu cuerpo era mi infierno personal y las llamas que salían de él hacían brotar la hierba en mi pecho. El tuyo, simplemente, iba borrando las palabras que me decías al oído. No había música, pero sólo tu voz bastaba para que me pusiera a bailar. Un baile solitario. Sin dos. Yo queriendo saltar por las nubes como hacen los pájaros al volar. Tú distraída bajo tierra. Sin mirar. Perdida. Perdimos los dos, sin darnos cuenta perdimos. Tú la ilusión. Yo mi corazón. Pero seguimos firmes y andando. Sin pausa. Cometiendo más errores que nos llevarían a juntar de nuevo. Pero ya no había música, ni amanecer, ni infierno en tu cuerpo. No había palabras ni saltos ni nada que nos hiciera reír. No había ni una mínima parte de nosotros. El dolor lo había consumido todo. Arrasando con los sentimientos. Arrasando con nosotros mismos. Jugamos, nos equivocamos y perdimos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Recordar lo que uno vale.

Reír es arriesgarse a parecer un tonto. Llorar es arriesgarse a parecer un sentimental. Hacer algo por alguien es arriesgarse a enamorarse.Expresar sentimientos es arriesgarse a mostrar tu verdadero yo.Exponer tus ideas y tus sueños es arriesgarse a perderlos. Amar es arriesgarse a no ser correspondido. Vivir es arriesgarse a morir.Esperar es arriesgarse a la desesperanza. Lanzarte es arriesgarse a fallar. Pero los riesgos deben ser tomados, porque el peligro más grande en la vida es no arriesgarse. La persona que no arriesga, no hace, ni tiene nada. Se pueden evitar sufrimientos y preocupaciones, pero simplemente no puede aprender, sentir, cambiar, crecer, amar y vivir. Solo una persona que arriesga es libre. Muchas veces es mejor OLVIDAR LO QUE UNO SIENTE y RECORDAR LO QUE UNO VALE.

martes, 3 de diciembre de 2013

Nos perdimos.

Cuando las cosas van mal, siempre hay alguien ahí. Alguien que nos salva, que nos da fuerza. ¿Y si se fuera? Todo se acaba, todo. Ni siquiera tendría sentido el ver llover, ven derramarse gotas de lluvia desde las nubes hasta caer al suelo, sintiendo el placer y la tristeza de perderlo todo, de echarte de menos, a pesar de todo.
Todo era más sencillo si tuvieras a ese ángel a tu lado y el demonio no existiese. ¿El problema? Que tanto uno como otro existen, y muchas veces gana la parte oscura, la mala, la que nos hace pensar en nosotros mismos ser egoístas.
Si, lo fui. Y me perdí. Y te perdí. Y nos perdimos. Y nunca nada volvió a ser como antes.
No callé a mi parte oscura, aquella que me decía que todo era por y para mí, y por culpa de ello, terminé sin nadie a mi lado. Lo más duro fue que tú ya no estabas, que tú risa se había esfumado. Sin dolor. Ya no me perdía en tus brazos, ni bebía de tu piel, ni se repetían las noches de pasión y desenfreno, donde la única cosa que importaba, era estar juntos, perdernos el uno al otro.

Y pasó, pero nos perdimos por separado. Y, me arrepiento todos y cada uno de los días por no haber escuchado ese ángel que me decía, "si le quieres, no le dejes escapar"