domingo, 6 de abril de 2014

Esté donde esté.

Amanecía entre los nublados días madrileños. Yo pensaba en ti como cada mañana. Afianzando mi rutina un día más. ¿Para qué? Sólo para hacer más daño todavía. Ni siquiera pensé en escribirte, simplemente pensé en mí, en mis ganas de escapar. Lo hice. Me fui y no pensé en nada más. Ahora pienso en ti, en tu dolor y tus lágrimas.
Ya no siento nada. Sólo tristeza y sufrimiento. No puedo volver porque tú ya no estarías, yo me fui para siempre, y tú lo sabías desde el primer momento. ¿Cómo pudiste llegar a quererme?, ni siquiera me lo merecía. Fui mezquina y necia. No me daba cuenta de nada.
Ahora veo aparecer los pequeños rayos de sol entre las nubes y creo verte y sentirte, creo que oigo tu risa, tus palabras, tu dolor.
No puedo quedarme, tengo que volver a escapar, allí donde tú no puedas encontrarme y torturarme más. Allí donde no amanece y no puedo verte ni oírte más.
Me desgarras por dentro, como un cuchillo que no hace más que cortar y cortar. Doliendo y escociendo. Como el alcohol cuando cae en las heridas. Pero cuando el ron inunda mis venas todo desaparece y no queda más que la felicidad de los recuerdos que pasamos juntos.

Te quise, y sé que te amaré siempre. Sin dejar de soñar y doliendo. Pero me da igual, porque siempre serás lo mejor que conseguí en la vida. Siempre serás el primer beso, la primera caricia, la primera noche entre las sábanas de mi habitación… Eso, eso no me lo puede quitar nadie. Porque, esté donde esté, seguiré soñando cada noche contigo y seguiré pensando en ti  en cada amanecer que me quede.

No hay comentarios:

Publicar un comentario