Después de que hayan pasado los años, he pensado en ellas y me he dado cuenta de toda la razón que hay en ellas.
Ya se que no soy ni la reina ni la princesa de esos cuentos que me contaban de niña, que nunca llegaría un príncipe azul que me despertase con un beso de amor, o que viniese a buscarme a la torre más alta de un castillo, o me salvase de la malvada madrastra... Pero, a través de mi imaginación me he imaginado en cada una de esas situaciones, me he sentido una princesa de cuento, de esos que nos leían de pequeña, esperando a que en cualquier momento apareciese el príncipe azul.
Han pasado los años y muchos sapos han pasado por mi vida, le he besado, pero el príncipe azul nunca se encontraba detrás de ninguno de ellos. Seguí esperando. "La ilusión es lo último que se pierde" me repetía a mi misma...
Hasta que me cansé. Ya no espero a un príncipe azul que venga a rescatarme, ya no espero besar al sapo y que aparezca aquel príncipe con el que soñabas de pequeña. Ya no. Me he dado cuenta que besaras a mil sapos y no se transformaran en un apuesto caballero...
Pero eso no quiere decir que no encuentres a un príncipe.
Un príncipe no es aquel que va a ir a salvarte de una torre, ni te va a despertar de un hechizo... El príncipe de tu vida será aquel que vaya a tu rescate en los malos momentos, que te despierte por las mañanas comiéndote a besos, que te trate como su princesa, como a una reina. Ese es el príncipe de tu vida.
Tendrás que besar a muchos sapos antes de que llegue. Pero cuando lo haga, no se irá jamas.
No busques un príncipe azul, solo alguien que te trate como una princesa.

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