miércoles, 30 de octubre de 2013

La fuerza más poderosa.

Es cierto, lo intentamos. Intentamos dar todo de nosotros. Intentamos vernos en cada amanecer. Intentamos controlarlo hasta el punto de no poder más con ello. Lo intentamos todos y cada uno de los días. ¿Y cómo acabó? Ella con el corazón roto, con la mirada vacía. Sus ojos ya no relucían de la manera que lo habían hecho antes. ¿Qué más da perder a alguien cuando no puedes hacer nada por salvarle? Es cierto, ella lo intento a cada momento que puedo hacer, incluso después siguió intentándolo, pero fue un dolor tan traicionero que no la dejo seguir adelante. Solo la quedaba la soledad de sus brazos, el frio de su cuerpo que dejé cuando me marché, el olor en nuestra almohada. Esa almohada que tantas noches había escuchado su llanto.

¿Qué te queda cuando todo se acaba? El silencio. Llamar a cuatro paredes tu hogar, porque eres incapaz de salir de él. Volver hacer lo mismo de siempre, sin mí. Ese fue su verdadero problema: quererme tanto.

Y así volví una noche, a sus sueños, a su inconsciencia, a su dulzura… Ahí los dos estaríamos a salvo, sin nada que nos hiciese daño, sin nada que la hiriera. Era la única forma de volver a estar con juntos.  Sin pensar en lo que pasaría cuando despertase…

¿Me seguiría queriendo? Por supuesto.


No hay fuerza más poderosa que EL AMOR. Nos salva, nos llena de vida, nos da la capacidad de soñar despiertos, nos hace mejores personas. Pero ¿Sabes que es lo más difícil? Sobrevivir decentemente cuando se marcha dando un portazo.

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