domingo, 3 de noviembre de 2013

Así es.

Cae la lluvia sobre los tejados. En mi ventana veo las gotas resbalar y pienso en ti.
¿Cómo se puede hacer tanto daño a alguien a quien quieres tanto? 
Sé que intente cuidar de ti, de amarte, de respetarte, de hacerte feliz... Y todo salio completamente distinto a lo que los dos esperábamos.
Amamos, hasta tal punto que nos dolía, y nos destrozamos el uno al otro. Sufrimos, hasta tal punto que no podíamos sentir nada más, sólo dolor, y caímos por un precipicio sin retorno. Lloramos, hasta tal punto que nos quedamos sin lagrimas y sollozos, y todo se volvió oscuro, negro. Olvidamos, hasta tal punto de no acordarnos ni de nuestro propio nombre, pero no volvimos a amar.

Porque el amor es traicionero. El amor es alegría, felicidad, compañía, sinceridad... Pero también es dolor, tristeza, lágrimas, soledad... Y oscuridad. Pero todo es de colores cuando estás enamorado, cuando eres correspondido, pero todo se vuelve negro cuando tu corazón deja de latir y se rompe en mil pedazos.
Porque el amor nos hace más fuertes, pero cuando se va, nos deja solo, frágiles y vulnerables.

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